Habían pasado ya casi 5 años de la última vez que se había presentado ante tanta gente.
Luego del suceso que la alejaría de los escenarios por tiempo indeterminado (como ella misma señaló), la señorita M estaba dispuesta a dejar atrás la frustración y darse una nueva oportunidad.
Luego del suceso que la alejaría de los escenarios por tiempo indeterminado (como ella misma señaló), la señorita M estaba dispuesta a dejar atrás la frustración y darse una nueva oportunidad.
Desempolvó su guitarra de arriba del ropero y sacó las prendas que llevaría puestas junto con la cadenita de su abuela, objeto cábala el cual usaba desde sus primeras pruebas.
—Esta vez todo va a salir bien —se dijo para sí misma, tratando de calmar esa sensación irrefrenable de miedo e incertidumbre de solo pensar los rostros finales del jurado dando su veredicto frente a ella.
Con todo empacado y lista para salir, emprendió su viaje hacia el teatro.
Al entrar, se encontró con varios de sus compañeros con quien había compartido el casting la última vez. Muchos de ellos ya trabajaban en la compañía y muchos otros estaban allí para probar su suerte de nuevo y obtener su pase directo al éxito al formar parte del elenco de la más prestigiosa compañía de comedia musical del país, al igual que ambicionaba ella, lo cual soñaba desde pequeña.
Con todo empacado y lista para salir, emprendió su viaje hacia el teatro.
Al entrar, se encontró con varios de sus compañeros con quien había compartido el casting la última vez. Muchos de ellos ya trabajaban en la compañía y muchos otros estaban allí para probar su suerte de nuevo y obtener su pase directo al éxito al formar parte del elenco de la más prestigiosa compañía de comedia musical del país, al igual que ambicionaba ella, lo cual soñaba desde pequeña.
La señorita M avanzo rápidamente por los fríos pasillos que conducían a la sala de música. Luego allí, se dirigió hasta la biblioteca, tomó el libro de partituras y le señaló a la persona a cargo la canción que había preparado.
—Página catorce, por favor, y marcá bien los acentos. –señaló.
Tomó su parte, y caminó hasta a fila donde el resto de los artistas se disponían a esperar a ser llamados por la producción.
—Página catorce, por favor, y marcá bien los acentos. –señaló.
Tomó su parte, y caminó hasta a fila donde el resto de los artistas se disponían a esperar a ser llamados por la producción.
Llegó el momento, era el turno de M. Respiró hondo, se persignó y se dirigió hacia el escenario, repleto de gente del mundo artístico la cual decidiría su futuro como comediante musical.
Al instante, y como por arte de magia, la señorita M sintió alivio de estar ahí, enfrentando su miedo, el de interpretar nuevamente esa escena tan temida con la que fue eliminada la última vez, aquel miedo que la paralizó durante casi 5 años al punto de hacerle renunciar a su vocación más amada.
Apoyó las partituras, tomó su guitarra y comenzó a interpretar la parte.
Y esta vez la voz de la señorita M se levantó por encima de todas las demás, matizada, brillante, llena de expresividad.
Y esta vez la voz de la señorita M se levantó por encima de todas las demás, matizada, brillante, llena de expresividad.